Análisis: Narita Boy

En el último año estamos viviendo un auge del videojuego independiente en España bastante grande y con una calidad excepcional, ciertos juegos como Summer in Mara, Mail Mole o Colossus Down son un ejemplo de ello. Sin embargo, algunos de ellos vienen de años atrás y con campañas de crowdfunding en Kickstarter a la espalda como es el caso de Narita Boy. Los desarrolladores Studio Koba lo anunciaron en 2017 y cuatro años más tarde junto con Team17, lanzaron lo que sería un juego arraigado en la nostalgia. Con una brillantez sensacional en su estilo visual y sonoro, nos adentraremos en una aventura en la que tomaremos el rol de un héroe y reviviremos aquellos años 80 repleto de guiños a la programación. En Narita Boy estaremos dentro de un mundo de ciencia ficción virtual estructurado como aquel reino de fantasía con habilidades, que se cargan desde disquetes con combates de plataformas.

Comenzamos el juego en la casa de un desarrollador que está frente a un monitor y escribe líneas de código de manera frenética. De repente, algo lo distrae y parece confundido. Paralelamente, una máquina de juego se abre sola y succiona al niño que hace unas horas estaba jugando con su juguete favorito, él es Narita Boy. El niño se ha transportado al Reino Digital, donde el guardia es Motherboard y explicará porque fue llamado: los 3 reinos Rojo, Amarillo y Azul estaban en equilibrio, hasta que el exiliado usurpador HM del Reino Rojo se convirtió en el Creador de lo Digital y ha comenzado a borrar todos los recuerdos de The Creator. Nuestro rol será recuperar cada recuerdo y detener a este enemigo antes de que sea demasiado tarde.


narita boy

Narita Boy está construido por una serie de elementos que lo hacen único, sin ir muy lejos podemos verlo con el peso narrativo subyacente y el trasfondo que podemos sacar con la conexión de nuestro héroe y el desarrollador. Se considera un juego del género metroidvania, pero algunas características cojean como es el no tener mapa, explorar los mapas es totalmente lineal y dentro de un nivel no hará falta retroceder al anterior. Narita Boy se caracteriza más por su estructura divida en niveles y su mezcla de combates que mezcla aventura, plataforma y acción bidimensional, una acción que nos atrapará durante horas. Referido a las plataformas, los controles son poco precisos y algo torpes, provocando un movimiento inhábil, pero no penaliza mucho a la hora de morirnos porque reaparecemos prácticamente al lado.

Dentro de cada nivel podremos seguir avanzando gracias a los teletransportes y a las llaves. El primero se desbloqueará cuando veamos unos símbolos y su respectivo color, para ello tendremos que estar atentos a cada detalle del entorno, a veces el juego te aconseja apuntártelos en papel. Y las llaves estarán representadas por unos disquetes, algunos de fácil acceso y otros se conseguirán realizando misiones secundarias. ¿Será complicado llevar una lista de las misiones? En realidad no porque tendremos un registro de estas bastante claro que nos ayudará a recordar el próximo objetivo y se irán borrando conforme las vayamos completando.



El sistema de combate es bastante receptivo, divertido y muy diverso. En la interfaz de nuestro héroe tendremos que tener en cuenta tres características: la barra de vida, la barra de concentración y la carga energética. Con esta última podremos canjear un bloque de poder del Tricona por una vida. Al final, desde que tengamos en nuestra mano la “Technosword” será cuando realmente empieza lo emocionante. Nuestro personaje comenzará a tener más poder y mayor habilidad gracias a las Estaciones Tori, un lugar que encontraremos a lo largo de nuestra aventura y en dónde aparecerán paquetes descargables para facilitarnos una nueva mecánica: embestida, esquiva, salto de espada, entre otras. Pero es no es todo, la barra de concentración será utilizable con habilidades como el Fuego Fauto. Un fuego que estará activado por un tiempo limitado, que nos dará mayor daño para derrotar a los enemigos, pero ellos también harán más daño.



No obstante, el juego se siente vivo en todo momento, ya no solo por añadir nuevas mecánicas y proporcionar unos combates variados, si no por introducir otro tipo de jugabilidad como poder ir montado en un caballo, o más conocido como Servobot, y galopar por un desierto lleno de obstáculos. Referido a los enemigos, también habrá una buena variedad de ellos, aunque en ocasiones se convierte bastante desafiante al encontrarte salas repletas de ellos. Lo importante es no abusar mucho de ciertas mecánicas, si no aprenderte los ataques básicos de cada uno de ellos, aunque todo se facilita cuando hacemos uso de las habilidades de concentración. Sin embargo, en Narita Boy, al igual que no era un castigo morir cayendo en un mal sitio, tampoco lo es cuando seamos eliminados por los enemigos, ayudando a que morir no sea un impedimento para disfrutar de la historia.



Si crees que ya sabes todo sobre Narita Boy, estás muy equivocado porque su estilo artístico digital y retrofuturista te puede dejar más que impresionado. Evidentemente, han cuidado cada detalle para adentrarnos en aquella ciencia ficción de los años 80, con televisores de tubo y una electricidad ambiental que inundaba cada sitio, sobre todo por cada animación pixelada echa a mano. Como jugadores de Narita Boy nos hará sentir que estamos presenciando una historia a través de una televisión antigua, y gracias a ello es muy probable que la nostalgia vuelta a ti de repente. Hay una sólida distinción entre cada ubicación, pero es cierto que en ocasiones no se distingue del todo el atrezo con aquella plataforma para subir o trepar.

Añadido a su entorno visual tenemos el complemento narrativo de las referencias y los diálogos. En Narita Boy no tendremos que saber de programación, pero si queremos comprender o al menos pillar algunas indirectas, si tendremos que estar más entendidos de ciertos conceptos. Eso sí, la solución a nuestro problema y el último ingrediente a la ecuación será la banda sonora. Esta está realizada con un sintetizador retro que provoca que sea energética y ayuda a que cada entorno sea aun más vibrante, vivo y colorido.



En conclusión, Narita Boy brilla en cada uno de sus elementos y han conseguido crear una aventura con inteligencia artificial que te absorbe desde principio a fin. Aunque en referencia con las mecánicas no aporte novedades, nunca sentiremos aburrimiento dentro de este juego y podremos experimentar la incorporación de nuevos parámetros de jugabilidad a lo largo de la historia. El ritmo inicial es algo lento, tiene una jugabilidad lineal y en ocasiones las luchas se pueden sentir poco equilibradas, pero todo mejora con su estilo visual y sus aportaciones humorísticas a los códigos de programación. Y es que, de algo que si va a resaltar es de su magnífico diseño visual y la banda sonora que serán suficientes para atraer a cualquiera a la ciencia ficción y la cultura pop de los años 80. Con Narita Boy es difícil pedir más, pero si te pedimos que lo pruebes porque no te arrepentirás.

Hemos realizado este análisis en PC con un código proporcionado por Team17.

VALORACIÓN FINAL

Narita Boy es una experiencia maravillosa hecha a mano, con una jugabilidad constante, llena de incorporaciones en mecánicas y enemigos que te absorberán de principio a fin. La ciencia ficción, la fantasía y la música electrónica te ayudarán a trasladarte a los años 80.

8.5


1 pensamiento sobre “Análisis: Narita Boy

  1. Tiene buena pinta. Lo que comentas sobre el control impreciso a veces puede restar sensaciones, sobre todo porque en este tipo de juego se agradece un control preciso ya que la multitud de enemigos te obliga a pulsar un botón en el momento preciso. Pero su apartado gráfico y sonoro es todo un viaje a los tiempos donde esperabas a que el cassette se cargador y los movimientos del Amstrad no eran tan fluidos como los del ZX o las recreativas del barrio. Y eso merece la pena. Apuntado queda

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