Sheepo

Análisis: Sheepo

Mientras en Argentina algunos políticos hacen campaña negando los efectos del calentamiento global, Sheepo nos pone en la piel de una oveja shape-shifting (cambia formas) que tiene la ardua tarea de viajar a un lejano planeta que pronto sucumbirá ante un calor cada vez más agobiante para obtener ejemplares de las especies que viven allí y llevarlas a un sitio donde puedan preservarse y no extinguirse.

En este precioso metroidvania, que llega de la mano de Top Hat Studios y el desarrollador independiente Kyle Thompson, nuestro protagonista (Sheepo) es una especie de astronauta que trabaja en pos de salvar toda la galaxia. Y, como bien sabemos que «el que mucho abarca, poco aprieta», y que hay que ir dando pequeños pasos para cumplir un objetivo tan inmenso, su primera misión en su nuevo empleo es viajar a Cebron y rescatar de allí seis huevos de las especies que lo habitan, para evitar que estas caigan ante el riesgo de la extinción.

Un metroidvania poco tradicional

Sheepo

Sheepo no es un metroidvania convencional de la manera en que estamos acostumbrados. Más bien, es una aventura con elementos de plataformas con un enorme mapa que nos obliga a realizar cierto backtracking a medida que iremos avanzando. No atacaremos en ningún momento, y aparte de los controles de movimiento solo dispondremos de otros dos botones: uno para saltar; y otro para transformarnos en otras criaturas.

Ah, la mecánica de transformarse es sin dudas el atractivo del juego y su rasgo distintivo. Mientras vamos explorando el mapa y accediendo a nuevos biomas de Cebron, tendremos que ir en busca de los seis huevos que mencioné anteriormente. Y cada vez que encontremos uno de ellos, inmediatamente no solo lo llevaremos a nuestra nave sino que obtendremos la capacidad de adoptar la forma de dicha criatura. Gracias a esa mecánica, podremos volar, excavar, trepar, teletransportarnos y colgarnos de nuestra lengua para alcanzar determinados sitios.

Sheepo

Esta capacidad de transformarse no es permanente y tampoco podemos hacerla cuando nosotros queramos. Para que Sheepo tome la forma de otra criatura, no solo primero debemos haber encontrado su respectivo huevo, sino que luego deberemos encontrar en el mapa un ejemplar de ese animal, monstruo o insecto, lo que nos permitirá transformarnos en dicho ejemplar al entrar en contacto con él, y obtendremos su forma y poderes por unos segundos. Debemos usar nuestra habilidad e inteligencia para usufructuar esa mecánica de la forma más eficaz posible y así seguir avanzando en la aventura.

Su musicalización no es su fuerte, pero pese a no destacarse, al tratarse de un juego pacifista apunta a no ser invasiva. Y, en ese sentido, acierta. La música acompaña bien nuestra aventura, y aunque quizás no tenga cada bioma una canción representativa, serán los elementos sonoros los que nos hará saber si estamos ante un momento de relajo, o ante un boss, o ante un simple momento plataformero.

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Como se imaginarán, estamos hablando de un mapa interconectado en el que necesitaremos de esa mecánica para acceder a nuevas zonas a la que explorar. Así y todo, no es un juego largo. Aunque tenemos mucho camino por delante, muchos sitios por descubrir, y una aceptada cantidad de coleccionables por conseguir (que tan coleccionables no son, porque a fin de cuentas la mayoría son necesarios para acceder al último huevo), Sheepo es un juego corto. Muy corto. Aún trabándome y re-explorando una y otra vez zonas en las que ya había estado, en busca de algún detalle que se me haya escapado, necesité tan solo 3 horas y algunos minutos para completarlo. Y eso no es todo, sino que en ese tiempo lo completé en un 89%, es decir que ganarlo al 100% (en realidad, 105% en este caso, ya que el juego tiene un pequeño post game), recolectando todos los coleccionables, requiere como mucho de unas cuatro horas.

¡Muchas gracias, Sheepo!

Sheepo

A primera vista, estamos ante un metroidvania muy bello y lleno de paz. A segunda, también. Al desarraigarse de la manera tradicional en que estamos acostumbrados a vivir la acción, que es mediante el combate y la eliminación de enemigos, y enfocarla en nuestra fineza con los dedos para sortear los elementos de plataformas, Sheepo cumple con su premisa inicial, que es la de darnos un metroidvania pacífico y armonioso.

Incluso los bosses, por más monstruosos o grandes que puedan verse algunos, no suponen un enfrentamiento propiamente dicho, sino que más bien presentan una situación en la que seremos atacados y debemos esquivar o escapar dependiendo el caso, y nuestra única arma será hacer que la criatura se golpee a sí misma. Siempre después de un jefe, encontraremos un huevo.

No moriremos muchas veces. Si nuestra habilidad es medianamente buena, contaremos nuestras caídas con los dedos de la mano. Morir requiere un par de golpes, y en nuestra aventura podemos encontrar desperdigados por el nivel objetos que aumentarán nuestra vida. Y, como si fuese poco, cada vez que entremos en contacto con un puesto de guardado (que los hay, y en casi todo el mapa), recuperaremos nuestra vida. En otras palabras, no estamos ante un metroidvania difícil, lo que hace más pronunciado su direccionamiento hacia la paz y el disfrute.

Hace bien el juego desde el primer momento al indicarnos que estamos trabajando por salvar la vida de un planeta, y no yendo allá a matar todo lo que se encuentre a nuestro paso para cumplir nuestro objetivo. Y los habitantes nativos desde el primer momento nos hacen saber que están agradecidos con Sheepo por su predisposición a ayudar para preservar la fauna de Cebrón. Excepto los bosses, claro está, pero ellos solo están protegiendo a sus crías.

Sheepo

Todo esto podría habernos dado, quizás, una historia mucho más emocionante. No digo que su historia esté mal, todo lo contrario. Me ha gustado la premisa sobre la que parte Sheepo porque, sin mencionarlo, está hablando de una galaxia afectada por el calentamiento global. Pero el hecho de que llegué alguien del espacio, en este caso nuestro buen amigo Sheepo, dispuesto a salvar a las especies que lo habitan de la extinción, digo… podría haber sido un poco más emocionante, o al menos haber profundizado más en su historia. Más allá de que es un metroidvania muy divertido y pacifista, le hubiera venido bien una segunda pincelada distintiva, al darle quizás algún elemento narrativo que lo haga destacar por sobre el resto de juegos de este género que cada vez suma más adeptos.

Todos los diálogos que tendremos serán con un Walkie-Talkie, en donde se contactarán con nosotros desde la empresa en la que somos astronautas para darnos indicaciones o exlplicarnos hechos referentes a nuestra misión o nuestras habilidades. Son charlas cortas y simpáticas. Y claro, además estarán las conversaciones con los NPC que cruzaremos en nuestro camino, y allí es donde se podría haber profundizado en la trama del juego. La mayoría de los diálogos son más de relleno que otra cosa, y rara vez nutren a la historia.

Y hablando de diálogos: que mal que no esté en español. Vamos muchachos, si lo tradujeron al inglés, alemán, francés, chino, japonés… ¿Qué les costaba ponerlo también en español, el segundo idioma más hablado en el mundo?

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Conclusiones

En conclusión, Sheepo es un Metroidvania bello y lleno de paz, en el que deberemos salvar a las especies de un lejano planeta. La habilidad de transformarnos en otras criaturas hace que los elementos de plataformas sean sumamente entretenidos. Con una duración excesivamente corta, Sheepo no intenta enfocar su mensaje en una emotiva historia que ponga en el foco el calentamiento global, sino que centra su carga emocional en el afán de Sheepo de no atacar en ningún momento, sino de mostrar siempre que su única intención es ayudar y realizar su trabajo.

Hemos realizado este análisis en Nintendo Switch con un código proporcionado por Top Hat Studios.

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