Mixtape no es un videojuego, es una experiencia vital. Descubre por qué en nuestro análisis.
Mixtape y el juego emocional
Si te emociona ver que la protagonista, mientras observa una foto familiar, la compara con el sencillo «People are people» de Depeche Mode, Mixtape es tu juego. Hace ya unos meses pude analizar otro juego de Annapurna Interactive, el Open Roads, que sigue exactamente el mismo esquema, una novela visual casi en la frontera del juego Cozy donde apenas hay que hacer nada salvo mover al personaje para avanzar e interactuar con unos pocos elementos.

Mixtape se lo juega todo a tocarte la fibra a base de un cuidado apartado gráfico con aspecto de dibujo animado estilo Scooby Doo de Hanna Barberah y golpes de nostalgia en forma de una gran banda sonora y objetos retro, siguiendo la historia de tres amigos en sus últimas horas juntos puesto que Stacy Rockford, la protagonista del relato, se muda a Nueva York.
Durante esas horas, los tres adolescentes van a rememorar sus vivencias a lo largo de esos años experimentando lo que todos hemos hecho a su edad, crecer, al tiempo que se preparan para una noche muy especial, la última. A ratos un simple walking simulator, por momentos una pizca de exploración interrumpida por un conjunto de pruebas sencillas con marcado sabor a película juvenil norteamericana, en definitiva algo muy parecido a ver la televisión donde el mando a distancia es tu mando.
Referencias Pop
El acierto de Mixtape es evocar multitud de recuerdos que muchos de nosotros hemos vivido gracias a que los tres protagonistas recuperan viejos objetos que de alguna manera han pasado por nuestras manos o las hemos visto en series de televisión de los noventa, como cassettes, cintas de vídeo, máquinas de helado de ingredientes azucarados que hoy día no pasarían el filtro de la OMS, o lugares de improvisadas fiestas.

El jugador es casi un espectador, esperando ver dónde conduce toda esa orgía pop-rock y cuál será su desenlace, y no desvelo nada más porque la gracia de Mixtape es descubrir por uno mismo esa suerte de cameos y su magistral banda sonora. Sí diré que es Stacy la que le pone música a toda la serie y que cada recuerdo quedará identifica con una canción. En mi caso diré que mis dos piezas favoritas coinciden con las que aparecen en el trailer promocional del juego: Roads de Portishead y Atmosphere de Joy Division, que dentro de la narrativa de juego se manifiestan de una manera muy especial.
Conclusión
Mirando mis estadísticas, el juego me ha llevado unas tres horas y media completarlo, desbloqueando los logros principales más alguno dentro de los mini juegos -no todos-. Dudo que vaya a rejugarlo en una temporada, pero no lo descarto a medio plazo. Y más allá de los momentos musicales, Mixtape me hizo reflexionar sobre lo que todos pensamos de adolescentes, que somos especiales y rebeldes, cuando en realidad todos hemo pasado por lo mismo.
Momentos como encontrar un CD pirata con el álbum Dummy de Portishead son impagables para mí, y todas esas referencias de los noventa me erizaron la piel y me maravillaron. Pero tengo claro que si no te identificas con ellas, Mixtape se vuelve un juego del montón, con un apartado artístico muy bueno, un motor gráfico simplemente correcto que no exprime el Unreal Engine, y una ambientación singular basada en la sugestión de tus recuerdos.
Precisamente con Mixtape tengo sentimientos encontrados, para mí es un juego de diez por todos los recuerdos que ha rescatado de mi niñez y adolescencia, y por las experiencias vividas en primera persona que veo reflejadas en este corto pero intenso juego, pero es cierto que para un usuario más joven quizá le resulte insuficiente y tengamos un walking simulator simplemente correcto. Así que mi valoración final será un promedio de ambos contextos, pero si tienes Game Pass deberías probarlo.
Este análisis se ha realizado en Xbox Series S gracias a que está disponible en Game Pass.
Ficha técnica - Mixtape

- Referencias Pop y Rock
- Banda sonora
- Corto




