Greedfall: The Dying World es uno de esos videojuegos que sabe engañarte. Y esto no es para nada una crítica negativa, todo lo contrario. Lo que buscamos los jugadores (aunque no lo sepamos), es ser engañados todo el rato. Que se vea realista, que los personajes no jugables parezcan personas, que parezca que estamos eligiendo y que nos hagan sentir inteligentes. Nada más lejos de la realidad: todo está medido, todo es una mascarada en la que estamos haciendo exactamente lo que quieren.
Greedfall: The Dying World ha sido desarrollado por Spiders, un estudio que, además del primer Greedfall, tiene títulos tan interesantes como Steelrising (un soulslike de aquella añada tan prolífica justo después de la salida de Elden Ring).
En Greedfall: The Dying World encarnarás al «Sin Raíces», un joven que está a punto de convertirse en un Doneigad, un sabio de entre todos los miembros de su clan. No obstante, el destino le tiene otras cosas preparadas. Desde el principio veremos cómo el subtítulo «The Dying World» le viene que ni pintado, sobre todo porque veremos un mundo que cae, siendo arrasado por los humanos, unos humanos que quieren silenciar y borrar a un pueblo (sí, lo sé, todos hemos pensado lo mismo).
Contenido
El apartado artístico de Greedfall: The Dying World
A nivel artístico estamos ante un título realista en tres dimensiones que no solo funciona muy bien sin casi hacer rugir al ordenador (y el mío tampoco es especialmente bueno), sino que además se ve bien, no tiene parones y las expresiones faciales pueden llegar a sorprendernos (y no como nos sorprendió 1348: Ex Voto). Veremos una vegetación abundante, juegos de luces bastante conseguidos y… diseños. Hablemos de los diseños.
Si algo me gusta a mí es ver cómo dan vida a un mundo con flora y fauna autóctona, inventada. Con ropajes concretos que hacen que puedas diferenciar a una sociedad de otra e incluso saber qué tipo de trabajo tienen. El diseño de personajes, vestuario y enemigos es muy bueno, con varios toques de originalidad que no siempre están ahí, sabiendo separarse en ocasiones de lo que nos ha dado Tolkien y tanto ha sabido ahondar en nuestra cultura.

A nivel musical tenemos un título bastante solvente, aunque tampoco ha llegado a sorprender del todo, sinceramente. En lo sonoro, sin embargo, hay un pequeño detalle que me ha resultado muy impresionante y entra tanto en sonido como en lo visual. Los personajes mueven la boca de forma muy acorde a lo que están diciendo, y si te fijas en esos detallitos es algo que merece ser mencionado.
Detalles jugables de Greedfall: The Dying World
Greedfall: The Dying World es un RPG occidental cuyo sistema de combate se acerca más a lo que hemos podido ver en los MMORPG, aunque con ciertas diferencias como la posibilidad de manejar a varios personajes a la vez para darles órdenes. No obstante, también te permite usar solo a tu protagonista y que tus compañeros sean una suerte de Donald y Goofy. Desgraciadamente creo que es un sistema de combate algo lento que se mueve entre el turno caótico y la acción y no deja contento a casi nadie. Puede recordar también a esos momentos del primer The Witcher (y esto son palabras mayores).

Una de las cosas mejor hechas de Greedfall: The Dying World es la personalización de tu personaje. No solo tienes muchísimas posibilidades para hacer a tu personaje con el aspecto que quieras, siendo posible pasarte una horita tranquilamente haciendo a Kazuma Kiryu, a Sephirot o a tu pareja. Y luego están las clases. Son doce, y no esperes encontrar al paladín, al guerrero, al mago… aunque al final son cosas similares. En la fantasía no se puede huir de Dungeons & Dragons ni de Tolkien del todo, las cosas como son.

Otro gran detalle es la personalización de la partida, dejándote la posibilidad de elegir no solo qué tipo de combate vas a querer, sino también cuánto daño van a hacer los enemigos, cuánto tú y cuánto vas a poder curarte de forma automática. Esto permite hacer que el juego sea mucho más accesible, y merece la pena por la historia.
Esta historia se desarrolla en un mundo bastante amplio y bien construido, lleno de recovecos. Lo que más me ha sorprendido es que no hay pantallas de carga como tal, aunque, de nuevo, es un engaño. El momento en el que el personaje abre la puerta y cambia la cámara está cargando todo, o al menos eso he podido deducir.

Greedfall: The Dying World tiene un sistema de crafteo en el que podrás hacer distintos objetos consumibles, así como mejorar tu equipamiento. Este es el de siempre: consigues los ingredientes y comienzas el crafteo. A nivel personal puedo decir que le sobra un poco, pero tampoco molesta, y puedes llegar a vivir sin craftear apenas.
El típico RPG pero muy guapo
En Greedfall: The Dying World puedes entrar en modo observación, muy similar a los Assassin’s Creed, con el que podrás interactuar con ciertos elementos del escenario para descubrir pistas y avanzar en las misiones o para conseguir ciertos materiales e ingredientes naturales que haya desperdigados por el mapa. Eso sí, hay que recordar desactivarlo para poder correr más rápido. Este modo otorga un segundo grado de profundidad al escenario que te permite no solo verlo de dos formas a nivel visual, sino también a nivel jugable.
¿Hay tiradas en este RPG? Por supuesto que sí. Tienes ciertos talentos que van desde la supervivencia a la creación de objetos y podrás usarlos. Dependiendo de cuánto hayas desarrollado dichos talentos tendrás un porcentaje de acierto. No se ve un dado como en Baldur’s Gate 3, pero sí que consigue ser satisfactorio. Es sí, por alto que sea un porcentaje, si hay margen de error… más vale ser precavido.

Como ya he mencionado, los personajes pueden ser utilizados por ti o puedes dejar que actúen libremente. En cualquiera de los casos debes mejorarlos. Cada vez que subas un nivel todos adquirirán puntos para mejorar sus habilidades y sus atributos. No tienen tanta personalización como el personaje, como es obvio, pero sí que permiten cierta libertad, sobre todo en los atributos.
La historia de greedfall: The Dying World
En Greedfall: The Dying World estamos ante un título que ha decidido poner la tilde en su apartado narrativo. Seguiremos a Vriden Gerr o el «Sin raíces», un joven que está a punto de convertirse en sabio junto a otro chaval de su edad, Nilan. Nuestro protagonista tiene más ideas progresistas que su compañero, y pronto se verán sumido en un mundo y problemas que dejan ver que no todo es blanco o negro, que los problemas son más profundos que una decisión y que no siempre se pueden conseguir las cosas por el camino fácil.
Sí, en Greedfall: The Dying World tenemos un sistema de elecciones que realmente importa y no hace que parezca que elijas lo que elijas tu interlocutor va a decir lo mismo. Esta vez tenemos un sistema de decisiones que puede afectar al desarrollo de ciertas aventuras y las relaciones.

Es destacable el amplio número de facciones a las que agradarás y molestarás según las decisiones que tomes. No solo facciones, sino que cada personaje tiene un sistema de gustos del que debes tener cuidado. De ti depende si quieres contentar a todos, si es que es posible.
En definitiva, Greedfall: The Dying World es un título más que recomendable en el que podrás sumergirte en una extensa (a veces exageradamente extensa) historia, aunque con un sistema de combate algo pesado que no se hará ligero ni con sus opciones de accesibilidad, que agradecerás sin duda si decides probarlo.
Análisis – Greedfall: The Dying World

- Una narrativa envolvente
- Un apartado gráfico muy atractivo
- Un sistema de rol en el que realmente roleas
- Un sistema de combate algo pesado
- Un comienzo algo lento




