Nintendo ha salido al paso de la polémica surgida en torno a Dispatch y su lanzamiento en Nintendo Switch, después de que parte de la comunidad acusara a la compañía de haber censurado contenidos en la versión para consola. La respuesta ha sido clara y directa: Nintendo asegura que no ha realizado ningún cambio en el contenido del juego y que la versión publicada en Switch es responsabilidad exclusiva del equipo desarrollador.

¿Dispatch se autocensuró?
La controversia nació tras detectarse diferencias entre la versión de Switch y otras ediciones del juego, especialmente en diálogos y ciertos elementos narrativos que algunos jugadores consideraron suavizados o directamente eliminados. Rápidamente, las críticas apuntaron a Nintendo, una compañía que arrastra un historial de decisiones conservadoras en lo relativo a contenido sensible en su hardware.
Sin embargo, desde Nintendo han querido dejarlo claro: el proceso de certificación no implica modificaciones creativas obligatorias, y cualquier ajuste aplicado en Dispatch habría sido decidido por sus propios creadores. Según la compañía, su papel se limita a verificar aspectos técnicos y de cumplimiento normativo, no a intervenir en el guion, el tono o los temas tratados.
Este matiz es importante, aunque no disipa del todo el malestar. Para muchos jugadores, el problema no es solo quién toma la decisión, sino el resultado final. Si una versión llega recortada, la experiencia se resiente, independientemente de si la tijera la empuña Nintendo o el estudio por precaución.
El caso de Dispatch vuelve a poner sobre la mesa un debate recurrente: la autocensura preventiva en consolas. En ocasiones, los propios desarrolladores optan por ajustar contenidos para evitar retrasos, problemas de clasificación por edades o posibles rechazos durante el proceso de publicación. El riesgo es evidente: sacrificar parte de la identidad de la obra por encajar en el ecosistema.
En definitiva, Nintendo niega cualquier intervención directa en Dispatch, pero la polémica deja una sensación incómoda. No tanto por una censura confirmada, sino por la percepción de que algunas versiones de consola siguen jugando con reglas distintas, y no siempre para bien.




